Alegría de Rosas por el fusilamiento del Vìnculo de Sañogasta

ENTORNO FAMILIAR Y POLITICO DE ISORA OCAMPO DAVILA - 5ª nota
“...un ejército...llevaron preso a mi padre Dn. Amaranto Ocampo y al padre de mi madre Dn. Ramón Doria y Dávila por el Vinculado...”
¿Qué ejército fue éste?
El "federal", vale decir el que respondía a Juan Manuel de Rosas, quien gobernaba Buenos Aires con facultades extraordinarias y la suma del poder público, ¡un poder sin límites!
Al mando de este ejército estaban Nazario Benavídez y Félix Aldao, “el fraile” –nombrado así porque había sido sacerdote dominico-; éste rindió cuentas a su máximo jefe Rosas acerca del hecho narrado en las “Memorias”; ésta fue la respuesta del Restaurador de las leyes:
“El infrascripto ha recibido la nota de V. E. del 30 de junio último en que comunica haber caído prisionero en la gloriosa jornada del 20 del mismo el salvaje unitario Ramón Brizuela y Doria, inmundo Ministro de La Rioja y agente de la asquerosa titulada comisión de salvajes unitarios, cuya correspondencia original de la misma dirigida al cabecilla salvaje Brizuela, también ha remitido V. E. El infrascripto se complace a reconocer en este otro resultado de la esclarecida victoria de Sañogasta, la justicia del cielo que ha castigado la iniquidad y perfidia de los impíos, bárbaros, salvajes unitarios” ([1]).
El “salvaje Brizuela” era Tomás Brizuela –el Zarco- gobernador de La Rioja y Jefe de la Coalición del Norte formada por las provincias del antiguo Tucumán para defenderse del centralismo. En la ocasión, el gobernador visitaba a su ministro, don Ramón, en Sañogasta, y fue sorprendido y muerto allí mismo. Isora cuenta que fueron presos su padre, su abuelo y dos niños, que eran sus hermanos mayores. Según figura en un documento presentado por el Lic. Alejandro Moyano Aliaga en la II Jornada Histórico Genealógica del Tucumán y Cuyo, en La Rioja, en el 2004, fueron también presos un hermano del Vínculo, don Nicolás Dávila, y un hijo de éste, quien relata luego lo acontecido a su padre.
Don Ramón fue fusilado en el trayecto entre Sañogasta y San Juan, en algún lugar de la Sierra de Vilgo; rescataron sus restos los hombres de la hacienda, los trajeron envueltos en un cuero vacuno y lo enterraron en la Iglesia de San Sebastián; tal vez a esta segunda muerte se refiere Rosas en su carta cuando dice que “…se complace a reconocer en este otro resultado de la esclarecida victoria de Sañogasta…”.
El Coronel Nicolás Dávila –hombre del Vinculado-, conocedor de las personas y sus aficiones, durante el trayecto convidó a Benavídez a una partida de cartas para combatir el tedio. Y perdió mucho dinero: así estaba seguro, pues debían mantenerlo vivo para que pagara la deuda… De otro modo, quizá, habría corrido la suerte de su hermano.
Viene al caso recordar las crónicas que escribe el Dr. Joaquín V. González en “Mis Montañas” acerca de su bisabuelo, el coronel Dávila: “…muchas veces su cuello estuvo bajo la cuchilla del bárbaro, sus pies encadenados y su hogar invadido por el fuego y el pillaje…”.
Ciertamente, ¡eran tiempos difíciles!
Teniendo en cuenta el comportamiento y las obras de los principales protagonistas de los hechos, y no el significado real de los términos, podríamos lanzar esta idea: eran considerados federales los adeptos a Rosas; unitarios los que no estaban de acuerdo con él.
Cuando doña Solana pudo regresar de “La Pampa”, encontró: su padre asesinado por las fuerzas rosistas, su marido prófugo y los hijos mayores –adolescentes- presos, “la casa y bienes tomada por de ellos”, por consiguiente devastada. Ciertamente Doña Solana “sufrió muy grandes trabajos”.
“Mi casa fue muy poderosa y rica por lo que era muy perseguida...”
La afirmación es simple, franca y categórica. Y exacta. Hoy, a la luz de la investigación, podríamos agregar que también fue silenciada, a partir de la figura de su fundador en adelante.
[1] Cnel. Roque Lanús, “La Provincia de La Rioja en la Campaña de los Andes”, Biblioteca del Oficial, Buenos Aires, 1946.